Ayer fuimos a comprar ropa a la bolita cagona. Todavía no ha gastado una prenda y ya hay que comprarle dos.
Alex, nuestro jefe, nos pasó cajas enteras de su último retoño, el pequeño Asbel.
Pero aún así nos hizo gracia salir a comprar un peto, una camiseta o dos calcetines. Es algo curioso ver como cuesta más un minipeto tejano, con dibujitos, que una camiseta para Eneko. Es menos tela, menos trabajo…
Pero claro, te lo muestran y a ver quien es el valiente que no lo compra.
Así que después de dejar temblando definitivamente nuestra cuenta corriente, salimos de la tienda con la bolita cagona y tres bolsas de miniropitas a precio de maxi.
Aprovechamos para comprar un vestido a la trasna (te lo enviamos por correo, niña). Y es que la ropita para niñas es mucho mejor que para nenes. Más vistosas, más divertidas, más… todo.
Ahora mismo nuestro piso es una casa de locos. Llena de cajas, de bolsas, no encontramos nada, y las discusiones entre los dos van en aumento. Los nervios viven con nosotros, nuestra intimidad se ha ido al carallo y la bolita cagona llora y grita cada vez que Eneko se acerca a mí con mirada sospechosa.
Nene malo…
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